El pasado viernes 6 de febrero, La Fede acogió en Barcelona el encuentro “Medios de comunicación y racismo”, una sesión de reflexión crítica en la que profesionales del periodismo y del activismo analizaron la infrarrepresentación de las personas racializadas, los estereotipos mediáticos y las dinámicas de poder que atraviesan el ecosistema informativo en el Estado español.

Diagnosticar el problema para transformar los medios

La jornada fue moderada por Bea Duodu, quien desde el inicio situó el objetivo del encuentro: ir más allá de la anécdota o de la experiencia individual para diagnosticar un problema estructural. No se trataba únicamente de reclamar más presencia en los medios, sino de cuestionar quién tiene la palabra, desde qué lugares se construye la autoridad y qué voces son reconocidas como legítimas o expertas.

La falsa neutralidad del periodismo

El periodista y activista Youssef M. Ouled abrió las intervenciones con una crítica directa al mito de la neutralidad periodística. Según señaló, el periodismo no es antirracista por esencia y adoptar una posición neutral frente a la injusticia solo sirve para reforzar el sistema dominante.

Ouled también denunció que muchos medios tienden a tratar el racismo como un fenómeno externo, mirando a Estados Unidos o a otros conflictos internacionales, para evitar abordar la violencia policial, institucional y estructural en el Estado español. En su intervención, además, puso sobre la mesa el coste personal y judicial del activismo antirracista, relatando experiencias de denuncias intimidatorias (SLAPP – Strategic Lawsuits Against Public Participation) y señalando la falta de apoyo de sindicatos y asociaciones profesionales cuando quienes sufren ataques son periodistas racializados.

Visibilidad no es representación

Desde una perspectiva interseccional, Rudy Bruña analizó cómo la raza y la disidencia de género atraviesan la narrativa mediática. Explicó que las personas trans y racializadas suelen aparecer encasilladas en cuatro relatos recurrentes: el final trágico, la marginalidad, la sospecha de engaño o la excepcionalidad extrema.

Bruña alertó sobre la “trampa de la visibilidad”: aparecer en los medios no supone necesariamente un avance si se hace desde el ridículo, el tokenismo o sin cuestionar las estructuras que producen esos relatos. Frente a ello, defendió la importancia de un consumo crítico de la información y del uso de herramientas digitales para construir contranarrativas propias, especialmente en un contexto de auge de discursos reaccionarios y fascistas.

El experto que solo sirve para “apagar incendios”

Por su parte, Moha Gerehou centró su intervención en las dinámicas de las tertulias televisivas y en la construcción de la opinión pública. Criticó que las personas racializadas sean convocadas habitualmente para dar testimonio, aportar experiencias de sufrimiento o “apagar incendios”, pero rara vez para opinar como expertas en ámbitos como la economía, la política o los asuntos generales.

Gerehou señaló también la contradicción de algunos medios que se presentan como progresistas pero carecen de voces racializadas estables en sus espacios de debate. Como estrategia, propuso que las personas racializadas construyeran su propio capital de audiencia —por ejemplo, a través de plataformas digitales— para negociar con los grandes medios desde posiciones de mayor autonomía, y no depender de la buena voluntad individual de redacciones mayoritariamente blancas.

Cansancio, poder y medios propios

Pese a la diversidad de enfoques, las intervenciones coincidieron en un punto clave: el agotamiento que supone “poner el cuerpo” constantemente para abrir espacios en medios que no transforman sus lógicas de fondo. Frente a este desgaste, se subrayó la necesidad urgente de impulsar medios propios, comunitarios y autónomos, capaces de disputar la agenda y los marcos narrativos sin depender de la centralidad blanca institucional.

El encuentro dejó claro que el debate sobre racismo y medios no es solo una cuestión de representación, sino también de poder, legitimidad y acceso a la palabra, y que avanzar hacia un ecosistema mediático verdaderamente antirracista implica cambiar no solo los contenidos, sino también quién habla, quién decide y desde dónde se construye la información.


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